
El otro día, mi tía (tita, en otros idiomas) me hizo la compra. Como no sabía lo que yo comía me trajo de todo. Entre las cosas que trajo estaban las Príncipe Double Choc. Os pongo una imagen y todo. Al parecer unas galletas normales y corrientes, yo, inconsciente, decidí probarlas. Fueron los momentos más espesos de mi vida. Como si aquella masa densa y pesada se le pudiese llamar chocolate, para que os hagáis una idea, es como masticar cola de contacto; cada vez que masticabas se hacia más espeso y era imposible de tragar. Al final, con la idea de que me iba a ahogar comiendo una masa de horripilante chocolate barato, salí corriendo a buscar un vaso de leche que me quitara esa sensación ahogante y angustiante. Cuando me bebí el vaso de leche y tragué con mucho esfuerzo esa masa pegajosa y consistente me dije a mi mismo; oye, pues con leche están ricas.
¡Ahora estoy comiendo una! (con leche, que conste)

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